Hacía sol, mas los bancos de piedra del parque seguían húmedos, pues por la mañana se había dado la posibilidad de que hubiera llovizna. Y así había sido.Pero tal suceso no incomodaba a los jóvenes, y se sentaron sin más dilación. No era para ellos un estorbo, dicha humedad.
-¡Vamos a comprar unas birras! -sugirió Anîs, representando una escena improvisada de un hombre quien había bebido demasiado alcohol y va dando zumbos por la calle, esperando que a sus amigos les hiciera gracia.
-No, hombre, ¡que todavía no es hora de beber! -le siguió Aitor.
-¿Cómo le van a vender cerveza a uno que tiene nombre de licor? Para eso te bebes a ti mismo -le atacó Bruno.
Todos se rieron, causando un gran estruendo. Incluso la víctima de los comentarios, de quien eran las carcajadas de más volumen. Si se trataba de Bruno o de alguno de los otros dos chicos, no le importaba que se mofaran de su nombre.
-¡Sin beber estás más mono, licorcín! -lo remató Jandro.
Anîs le saltó encima, como si fuera a pegarle por tal burla. Pero no paraba de reir, y eso delataba sus intenciones.
Pero, de repente, a Aitor, que seguía sentado en el banco gozando del espectáculo que ofrecían los demás, podría decirse que se le encendió la bombilla. Una idea.
-¡Ya sé qué podemos hacer!
-Ay Dios, qué miedo me das...
Y los tres chicos restaron ansiosos a que expusiera su propuesta.



