sábado, 7 de febrero de 2009

Helado

Enfundada en una capa de crema solar, caminabas con tu padre junto al mar. Tenías cuatro años, y tu helado de vainilla bastaba para llenarte de felicidad. Cerca había un grupo de niños que jugaban con una pelota. Con la Eurocopa, habían brotado partidillos por toda la playa. Pero la desgracia acechaba el momento. Una patada demasiado impetuosa envió la pelota directa a tu brazo.
El helado del que tanto disfrutabas fue a parar a la arena y empezó a derretirse con el sol. Las olas irrumpieron en el cucurucho, arrastrando tu felicidad cual barco sin vela. No pudiste evitar romper a llorar.
Tu padre no pudo evitar comprarte otro helado, del que volviste a disfutar.

sábado, 24 de enero de 2009

Austin Berger

Ambos habían crecido juntos, como dos hermanos. Muchos días el Doctor se mostraba entristecido, pues opinaba que su hijo debía recibir una mejor educación. Se lo podía permitir. Cuando el niño hubo alcanzado la edad de siete años lo matriculó en un colegio inglés, en Londres. Envió al chico a continuar con sus estudios.
Regresaba al pueblo tres meses en verano y uno en invierno. Cada vez que lo hacía portaba un presente para su amiga Suri. Le enseñó las cosas más bellas de la humanidad. Le brindó la oportunidad de adentrarse en un mundo todavía desconocido para ella: el mundo del arte, donde todo tipo de obra es bienvenida.
Le traía libros para leer, cuadernos para escribir junto al material necesario, cuando iba a algún museo le compraba una guía de todas las obras para que también ella las pudiera observar, le enseñaba películas en un pequeño aparato electrónico, etc. De esta forma, la niña logró reunir una amplia colección de literatura, tanto impresa en libros como de su propio puño y letra; un gran escaparate de cuadros y esculturas, y el haber en su mente grabado todas las películas que había visto.
Pasados unos años, cerca ya de la actualidad, el muchacho le regaló un aparato para escuchar música. Le trajo unos discos de jazz, diciéndole que era la mejor música jamás compuesta, y ella le creyó. Le trajo también canciones de piano. Decidió que sus canciones favoritas era de Michael Nyman en la suite The Piano. Las tarareaba día y noche, y él se sentía bien por hacer feliz a esa chica.
Austin fue quien le enseñó todo lo que ahora amaba. Le había explicado también cómo era su vida en Inglaterra, haciendo que ella también quisiera ir.
Austin lo era todo para ella, su amor; y era posible que ahora pereciera.

lunes, 19 de enero de 2009

Las Emociones

Pregar no sirve. Lo que uno quiere, se lo gana.
Y para ganar hay que luchar. Y la victoria sabe mejor cuanto más has caído en la lucha, si no has perdido la sonrisa. Como Aristóteles dijo: lo que con mucho trabajo se adquiere, más se ama. Ese hombre siempre tiene razón, y siempre la tendrá.
Yo voy a tener que luchar. Y será una batalla ardua, tanto como el camino hacia la verdad. Porque vivimos en una mentira, una mentira de verdad. Todos. Ahora mismo vivo una. Voy a tener que luchar, por salir de la discordia variopinta. Y ser alguien. O una escritora famosa o una especialista en el ámbito de la química. Y voy a tener que ganármelo. Porque las personas solo aprendemos a caminar cuando nos caemos, y aprenden más rápido aquellos que solos se levantan. Y para llegar a mi destino voy a tener que caminar, caminar mucho.
[...]
Se dice que es admirador del teatro, también.
¿Era esa su mayor afición?¿Y de quien no?El teatro es simplemente una sarta de mentiras. Donde el más embustero es quien mejor se desenvuelve. El teatro es falsedad. Dejas que los actores te engañen y te adentren en su juego. Si son bueno lo consiguen. Y cuando el espectáculo termina, la realidad te abofetea por haberla abandonado y disfrutado sin ella. La realidad es demasiado abrumadora. Y el teatro, la mentira en general, su enemigo. La mentira es el poder y nuestra vida. Que viva el teatro, señores. Que viva.

martes, 13 de enero de 2009

La Felicidad by Suri


Felicidad, un concepto tan etéreo... ¿Acaso sabemos qué es la felicidad? Algo muy subjetivo, desde luego. ¿Cómo se consigue la felicidad?Tanta gente buscándola y tan pocas respuestas... Incluso Will Smith la buscó junto a su hijo en la gran pantalla, si no recuerdo mal. Mas ahora no llego a recordar si lo logró. Para mí, la felicidad reside en todas las cosas, en el día a día; el presente. Hay que disfrutar cada día de nuestras vidas. El pasado, pasado está, y el futuro por llegar. Lo que de verdad importa es el ahora. Dibujar me hace feliz. Leer me hace feliz. Escribir me hace feliz.
Creo ser feliz.

lunes, 12 de enero de 2009

Escribir


La clase pasó lenta. Hugh estaba tranquilo en su mesa, algo extraño en él. Estaba escribiendo.
-¿Qué haces? -preguntó Nicole, intrigada.
-Escribo.
-Eso ya lo veo.
-¿Entonces por qué preguntas?
-Formalidades -la chica hizo una pausa-. ¿Y qué escribes?
-No estoy muy seguro...
-¡Estás escribiendo sin saber el qué!
-Supongo que sí -dijo mientras asentía con la cabeza dando más poder a la respuesta. 
-Eres de lo más rarito -Hugh siguió escribiendo mientras su compañera seguía los movimientos de su mano-. ¿Puedo leerlo?
-¿Puedo contarte otro secreto?
-¿Acaso no confías en mí?¡Vaya pregunta! -el chico la miró y soltó el lápiz.
-Estoy escribiendo un libro, pero no se lo digas a nadie, por favor -ella le hizo una señal con la cabeza dándole la razón-. Muchas gracias, tú sí que eres una amiga. Luego te dejaré leer este trozo que hago ahora.
Nicole asintió.
-Hola chicos -Laura les interrumpió. Hugh tiró al suelo el cuaderno en el que escribía y lo tapó con un libro. La chica que acababa de llegar lo miró extrañada-.¿Qué escondes?
-Nada, nada...
-Te he visto, Calixto -se rió de lo acababa de salir de su boca-. ¿Qué estabas escribiendo?
-Chuletas para el examen de química.
-¡Pero si no tenemos ninguno!
-Pero algún día vamos a terminar el tema, ¿verdad? Toda precaución es buena.
Se fueron a sentar cada uno en su sitio. El profesor ya había entrado. Hugh seguía escribiendo en su cuaderno. No prestaba atención. El profesor lo llamó, sin embargo él no se dio cuenta. Se le acercó por detrás y le robó el cuaderno. Le preguntó si tenía la mínima noción sobre el contenido de la explicación, y éste lo negó. Luego lo expulsó de la clase. Hugh le contestó que si no le devolvía su cuaderno, nadie sería capaz de echarle. El profesor, desconcertado, bajó la guardia y el alumno le arrancó el cuaderno de las manos. Se dirigió a la mesa de Bom y le cogió un bolígrafo. Éste lo miró extrañado.
-Ya te lo devolveré cuando regrese, no te preocupes. ¿Lo necesitas? -el chico negó con la cabeza, y él se alejó y salió del aula.

viernes, 9 de enero de 2009

Los Amigos

Hacía sol, mas los bancos de piedra del parque seguían húmedos, pues por la mañana se había dado la posibilidad de que hubiera llovizna. Y así había sido.
Pero tal suceso no incomodaba a los jóvenes, y se sentaron sin más dilación. No era para ellos un estorbo, dicha humedad.
-¡Vamos a comprar unas birras! -sugirió Anîs, representando una escena improvisada de un hombre quien había bebido demasiado alcohol y va dando zumbos por la calle, esperando que a sus amigos les hiciera gracia.
-No, hombre, ¡que todavía no es hora de beber! -le siguió Aitor.
-¿Cómo le van a vender cerveza a uno que tiene nombre de licor? Para eso te bebes a ti mismo -le atacó Bruno.
Todos se rieron, causando un gran estruendo. Incluso la víctima de los comentarios, de quien eran las carcajadas de más volumen. Si se trataba de Bruno o de alguno de los otros dos chicos, no le importaba que se mofaran de su nombre.
-¡Sin beber estás más mono, licorcín! -lo remató Jandro.
Anîs le saltó encima, como si fuera a pegarle por tal burla. Pero no paraba de reir, y eso delataba sus intenciones.
Pero, de repente, a Aitor, que seguía sentado en el banco gozando del espectáculo que ofrecían los demás, podría decirse que se le encendió la bombilla. Una idea.
-¡Ya sé qué podemos hacer!
-Ay Dios, qué miedo me das...
Y los tres chicos restaron ansiosos a que expusiera su propuesta.

miércoles, 7 de enero de 2009

Último adiós


Llevo ya tres años aburriéndome entre estas tres paredes y la gruesa capa de barrotes de hierro oxidado. Pero ya mismo todo va a terminar. Me van a ejecutar. Cometí un crimen del que jamás podré pagar las consecuencias, y mi castigo se materializó en forma de "pena de muerte".No estoy seguro de que dando mi mi vida pueda enmendar el peor error que jamás he cometido...
Algunos opinan que desde el fallecimiento de mi esposa me he convertida en un sádico sin corazón ni compasión. Yo creo que mienten, no soy ningún monstruo, sólo soy... especial. Si a ellos se les hubiera aparecido ante sus atónitos ojos aquella silueta negra tan grande, tan grotesca, tan escalofriante... no sé lo que habrían hecho, ¿en qué se habrían convertido? El hedor que desprendía aquel ser no es comparable a ningún otro, simplemente único. Aquella pestilencia me hizo reflexionar. Después, el ladrón de las sombras y la oscuridad se desvaneció, llevándose a mi mujer.
[...]
Me miran como a un bicho raro. Me han rapado la cabeza. Parezco recién salido de un campo de concentración. Llevo un guardia en cada lado. Me acompañan hasta la última sala que verán mis ojos. 
Me siento en la silla de la muerte. Con una esponja de grandes dimensiones me humedecen la cabeza. Ahora sí ha llegado el momento.
-¿Alguna última voluntad?
-Que mis cenizas fluyan en el mar...
-Entendido... ¿listo?
Pronto llegará ante mí esa misma criatura que me robó a mi amada. Y yo la acompañaré al más allá. Entonces me encontraré con mi esposa, y estaremos juntos el resto de la eternidad. Aquí está, ya ha llegado. Adiós, mundo de la oscuridad; hola cielo de la luz.
-No tiene pulso -anuncia el guardia-. Ya se ha ido, todo ha terminado.